La ciudad de Mérida se fundó en las inmediaciones de cinco pirámides abandonadas, de ahí que se les llamaran cerros: Baklumchan, en el terreno donde hoy se encuentra el Palacio Municipal y el Olimpo; San Benito, donde hoy se encuentra el mercado del mismo nombre y que fuera otrora el fuerte y el convento grande de San Francisco, recibiendo por nombre La Ciudadela de San Benito; cabe resaltar que este emplazamiento mágico unía el pasado maya con la cruz y la espada de la Colonia.
También estaban el cerro de San Antón, en la calle 50 entre San Cristóbal y Mejorada, dando lugar a la así llamada Calle del Imposible, y dos pirámides más al norte de Mejorada.
Cuando empezaron a surgir las colonias de Mérida, engendrando a sus genealogías, nacían de un barrio colonial, así fue que cinco de las nueve genealogías de Mérida nacieron vinculadas a la dupla Mejorada-San Cristóbal, habiendo que éste fue un pueblo que mutó a barrio colonial, el primero de la ciudad.
En San Cristóbal ubicó Montejo a los indios mexicas que vinieron a conquistar estas tierras. El propósito se evidenciaba: cuenta una leyenda que San Cristóbal quiso servir a un hombre poderoso pero advirtió que su amo le temía al diablo, de ahí que se afiliara a éste con ánimos de servidumbre, no tardó mucho en comprender que el diablo le temía a Dios y así se entregó a este último.
Quizás la prédica surtía algún efecto: estos mexicas servían al diablo, pero ahora sirven a Dios, hagan lo mismo y vivirán felices y en paz.
Las genealogías que nacieron de este binomio colonial fueron: Wallis-Esperanza, Miraflores, Chuminópolis, Jesús Carranza-Alemán, Itzimná-colonia México.
Quizás nada haya perdido en la ciudad y los perdidos seamos nosotros. Desde el tiempo de los mayas el corazón del poblado estaba en esta zona de la cual brota gran parte de la ciudad moderna.
Cronista de la ciudad.
