Alberto Nolasco, veterano militante y excandidato de Morena, en su visita al Diario para hablar del libro “Rapiña: el despojo de un movimiento”
Alberto Nolasco, veterano militante y excandidato de Morena, en su visita al Diario para hablar del libro “Rapiña: el despojo de un movimiento”
  • Alberto Nolasco, veterano militante y excandidato de Morena, en su visita al Diario para hablar del libro “Rapiña: el despojo de un movimiento”

Alberto Nolasco Sosa, militante activo de Morena desde 2015, no duda al afirmar que este movimiento, como instituto político, ha servido al nuevo régimen para avasallar en las elecciones.

Y como movimiento social, considera que Morena se alejó de sus principios básicos, que deben ser la plataforma para combatir viejas prácticas políticas.

Así, subraya, en lugar de luchar contra la corrupción en todas sus formas, contra el amiguismo, el influyentismo y el nepotismo, en lugar de no robar, no mentir y no traicionar, en lugar de servidores públicos que se conduzcan con responsabilidad y decoro se ve a funcionarios con una vida de lujos, que viajan en avión con boletos de primera clase y usan caros relojes y zapatos de marca.

¿Se ha corrompido el movimiento?

“La verdad es que hubo un momento en que el movimiento dejó de ser un movimiento social para convertirse en maquinaria al servicio del Estado”, responde.

Con la cuchara grande

Nolasco Sosa, quien formó parte de la iniciativa “antichapulines” en Yucatán en el proceso electoral de 2024, dice que el movimiento nació en épocas de adversidad e, incluso, sus impulsores sufrieron violencia física.

“Hoy, muchos presumen de ser morenistas cuando la mesa está servida y se han servido con la cuchara grande”, enfatiza. “Muchos de los funcionarios públicos actuales estuvieron contra este movimiento y renegaron de Morena con todos sus dientes. Ahora, a conveniencia, gozan de una nueva revitalización en su vida política”.

Hace notar que, aunque siempre estuvieron contra la llegada de gente de otros partidos a Morena, cuando en Yucatán se ganó la gubernatura con el expanista Joaquín Díaz Mena muchos pensaron en un escenario distinto al de ahora.

“Creímos que íbamos a encontrar un escenario donde no se repetirían las viejas prácticas políticas, donde se daría oportunidad a luchadores sociales con convicciones para aportar en la transformación”, apunta.

“Como decía Andrés Manuel (López Obrador), no se puede llenar vino nuevo en vasijas viejas. Nosotros queríamos que al gobierno, que al Estado le fuera bien para beneficio de todos. Sin embargo, vemos con mucha desconfianza que las direcciones y las secretarías, en su gran mayoría, son dirigidas por gente que en el pasado dio resultados mediocres”.

El libro “Rapiña”

De visita en el Diario, Nolasco Sosa formula esos conceptos al dar a conocer detalles de su libro “Rapiña: el despojo de un movimiento”, que presentará mañana jueves, a las 18:30 horas, en el edificio central de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).

En esa obra, el exconsejero y excandidato de Morena a diputado local expone sus opiniones sobre la evolución del movimiento y dice que busca romper mitos y prejuicios con base en sus experiencias.

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Durante la plática explica que en 2015 y 2016 comenzó a hacer apuntes con la idea de escribir un libro que diera cuenta de la transformación del morenismo.

No fue una tarea complicada, porque se ha desempeñado como reportero —es licenciado en Ciencias de la Comunicación y durante un tiempo se desempeñó como secretario de comunicación del Comité Ejecutivo Estatal de Morena—, y tenía el propósito de publicar sus relatos al ganar la presidencia López Obrador, en 2018.

No obstante, las circunstancias fueron aplazando el objetivo hasta que la publicación se concretó en este nuevo año.

Traiciones e ingenuidad

A una pregunta, señala que en el libro se habla de la evolución, pero también del ocaso de Morena como movimiento social, de cómo se pasó de la democracia participativa a una maquinaria política al servicio del Estado.

En cuanto a las alianzas con gente de otros partidos, dice que en el desarrollo del movimiento hubo fisuras y traiciones, pero también —“tenemos que ser objetivos”— mucha ingenuidad política de los luchadores sociales que sostuvieron el movimiento.

“¿Por qué hubo ingenuidad? Porque creímos en la palabra de nuestro líder moral y político cuando dijo que eran necesarios estos pactos para llegar al triunfo, que llegando al gobierno, como en las escaleras, se iba a barrer la corrupción de arriba hacia abajo y decidimos darle un voto de confianza”, abunda.

“Y el movimiento lo pagó muy caro porque eso significó el empoderamiento de líderes que venían o que vienen de otros partidos, los llamados chapulines, que brincan de un partido a Morena exclusivamente por puestos públicos y por candidaturas. Contaminaron la esencia del movimiento trayendo las viejas prácticas políticas que nosotros, en años anteriores, buscábamos combatir”.

Lo que derramó el vaso

Sobre los orígenes del movimiento “antichapulines” en Yucatán, el exvocero del Comité Ejecutivo Estatal de Morena indica que ya había insatisfacción dentro del movimiento, pero la gota que derramó el vaso fue la forma de asignar candidaturas, de promover y de obligar a la militancia a tomar cursos de formación política como requisito, y la existencia de “las llamadas encuestas que sin duda fueron instrumentos para dar candidaturas específicas”.

“En términos generales, todo fue un teatro armado para simular una democracia interna, que al final se decidió con estos instrumentos que favorecieron intereses de la cúpula morenista”, manifiesta.

Lucha social y crítica

Le preguntamos si aún es posible rescatar las luchas del movimiento, como él mismo plantea en el libro, y nos responde en los siguientes términos:

—Me voy a permitir contestar en dos formas. La primera es a partir de esta pregunta: ¿Es posible rescatar a Morena como movimiento social?

—Yo ahí respondería que se requiere que Morena ponga en el centro del movimiento a los luchadores sociales, a los fundadores del partido con convicciones, pero también que se abra al pensamiento libre para la crítica, para la reflexión, que no se intimiden las expresiones de autocrítica y también que el movimiento no esté al servicio del nuevo régimen, sino que sea una brújula para el buen gobierno.

—La segunda parte la respondo a partir de la siguiente pregunta: ¿Es posible rescatar la lucha del movimiento?

—Ahí sí podría decir que hay condiciones para que luchadores sociales puedan llevar al cabo la promoción de esta agenda de justicia social. ¿Cómo?

—Bueno, de hecho ya hay compañeros líderes sociales que están en las academias formando a las nuevas generaciones con esta visión crítica, pero también estamos participando —hablo de manera general— en la formación de nuevas plataformas políticas que están surgiendo. Desde luego, incluso en los partidos de oposición puede ser esa posibilidad, porque algunos partidos están buscando cambios institucionales para volver a traer la credibilidad de la gente.

—Si se generan las condiciones para que haya coincidencias en la lucha social, seguramente los líderes sociales también estarán participando en estas plataformas.

¿No podría sonar muy romántico lo que dice en las condiciones políticas actuales?

“Pudiera ser, pero la realidad actual nos está mostrando que cuando los luchadores sociales, cuando la ciudadanía comprometida con las causas sociales alza la voz y se expresa, esto puede llevar a cambios más significativos”, apunta.

“Tenemos de prueba lo que ha pasado el domingo pasado en Oaxaca, donde las asociaciones civiles se levantaron para expresar su inconformismo con el gobierno morenista de Oaxaca y nosotros creemos que ahí hubo alguien que movió la cuna para que no hubiera esa revocación de mandato, pero está muy claro para muchos, incluyendo a un servidor, que ahí hubo una muestra fidedigna de lo que el inconformismo ciudadano puede lograr”.

El entrevistado se declara convencido de que Morena tendrá una prueba de fuego en 2027, año electoral, porque se prevén fisuras dentro de la organización, sobre todo porque se ha alejado de su esencia como movimiento social.

“Hago votos para que la cúpula pueda reflexionar y buscar, llamar a los fundadores de Morena e integrarlos, pero también generar las condiciones para que se ejerza una verdadera política social”, puntualiza el autor de “Rapiña”.

Quién es Alberto Nolasco Sosa

Es licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestro en Mercadotecnia Política. También cursó la maestría en Derechos Políticos y Proceso Electoral.

Es militante activo de Morena en Yucatán desde 2015. Dentro de ese movimiento ha sido representante general de casillas, consejero estatal y candidato a diputado local.

En el proceso electoral de 2024 lideró, con un grupo de fundadores del partido, el movimiento “antichapulines” en Morena. Este movimiento promovió el voto contra personas que llegaron de otros partidos y obtuvieron candidaturas.

También se ha desempeñado como docente en instituciones educativas de la entidad.