MÉRIDA.- La bandera nacional es un símbolo que recoge en su concepción todos aquellos ideales que dieron origen a la nación mexicana, los colores y elementos distintivos tienen una razón de ser y, aunque ha experimentado algunos cambios, su forma como la conocemos actualmente data del 14 de abril de 1823. Sin embargo,  fue el 24 de febrero de 1821 cuando al promulgarse el plan de Iguala surgió la primera bandera nacional, la que enarboló el Ejército de las Tres Garantías encabezado por Agustín de Iturbide.

Al conmemorarse este 24 de febrero el Día de la Bandera, el investigador yucateco Víctor Arjona Barbosa nos habla sobre el significado de los elementos que la conforman.

Para entender el simbolismo que encierra la bandera nacional, había que profundizar en el contexto histórico que le dio origen.

En 1810 comienza el movimiento independentista de la Nueva España, siendo cabeza visible de la revuelta el cura Miguel Hidalgo y Costilla. Mientras esto ocurría, España se encontraba ocupada por las fuerzas napoleónicas desde 1808 y la imposición de José Bonaparte como rey en lugar del monarca Fernando VII, lleva al pueblo español a una guerra de guerrillas hasta la abdicación del hermano de napoleón hacia 1813.

Los españoles crearon juntas patrióticas, cortes cuya finalidad era crear un marco constitucional para gobernarse,  una de ella es la Corte de Cádiz,  que convocó a españoles tanto peninsulares como de todos los territorios del orbe pertenecientes a España. Por Nueva España asisten 16 diputados.

La Constitución de Cádiz 

El 19 de marzo de 1812 se aprueba la llamada Costitución de Cádiz, también llamada “La Pepa “, porque surge el día de San José, una constitución avanzada para su tiempo con ideas buenas que incluía la posibilidad de que la ciudadanía participara más activamente en asuntos de los gobiernos. Un aspecto negativo es que era una constitución que acotaba en muchos sentidos a la iglesia católica, algo que resultaba molesto para un pueblo religioso. Fernando VII tuvo que jurar esta constitución que le restaba poderes absolutos, situación que revirtió dos años después, en 1814.

En enero de 1820, en Andalucia, España, inicia una revolución para retornar la constitución de Cádiz. La religión estaba profundamente enraizada en España y sus colonias, tanto la monarquía (El monarca era la máxima autoridad del pueblo) y la religión católica identificaban a España y a sus territorios.

Por aquellos años en Nueva España, el movimiento independentista había caído en cierto letargo, el Virrey Juan Luis de Apodaca había ofrecido a muchos insurgentes indulgencia y amnistía, las personas volvían al campo, los talleres y los oficios. La guerra había quedado restringida hacia la región sur del país donde Vicente Guerrero mantenía la lucha. Hasta cierto punto el país había entrado en una época de relativa calma y paz

En Nueva España, el que Fernando VII se viera obligado a jurar una vez más la Constitución de Cádiz y con ello regresara la  monarquía constitucional y la pérdida de poder de la religión, no era visto con buenos ojos. Era necesario hacer algo que permitiera a esta colonia española protegerse de las implicaciones de esta constitución, por lo que se comenzaron a gestar reuniones y juntas tendientes para crear una estrategia política.

Surge entonces la figura de Agustín de Iturbide, comandante del ejército realista enviado al sur para acabar con el último reducto de la resistencia. Contrario a lo que podría creerse, Iturbide no veía con malos ojos la independencia de la Nueva España, por el contrario, consideraba que luego de tres siglos de dominación española, México, como ya le llamaba desde entonces, estaba maduro y listo para forjarse como una nueva nación sin la tutela de España, pero sin que se vieran rotos los nexos históricos y culturales que unían a la nación que buscaba la independencia con respecto a la madre patria.

La razón por la cual Iturbide no tomó partido por los insurgentes desde el inicio de la guerra, era que aunque era un convencido de la inminente independencia de México, nunca estuvo de acuerdo en la forma en que los líderes insurgentes se habían conducido para alcanzar dicho objetivo.

El Plan de Iguala

Iturbide tiene la idea de un plan basado en tres garantías: Religión, Libertad y Unidad, este plan conocido también como el Plan de Iguala se promulgó el 24 de febrero de 1821. A diferencia de lo que promovía la constitución de Cádiz, la de Iguala le daba un papel especial, significativo y único a lo religioso: la parte religiosa era esencial dentro de la identidad del pueblo y por ello era inamovible e incluso necesario hacerla única.

Desde antes de la promulgación del plan de Iguala, Iturbide encargó a un sastre poblano de nombre José Magdaleno Ocampo la confección de la insignia nacional, una bandera de tres campos en diagonal en colores blanco, verde y rojo con una estrella al centro cada uno. Los colores representaban: Blanco, la religión, la cual estaba arraigada y enraizada en la cultura mexicana; Verde, Independencia, romper con vínculos políticos con España y el rojo,  la unión de todas las razas que convergen en este territorio. Las estrellas en cada campo eran signo de la garantía de que esto es así. Religión, independencia y  unión eran una constante en los 24 artículos del Plan de Iguala.

Cambios en la bandera

La bandera ha experimentado cambios desde entonces. En  1821 con el imperio de Iturbide los campos pasaron de ser diagonales a paralelos verticales, desaparecieron las estrellas, el color verde se ubicó en tercio izquierdo, el rojo en el tercio derecho mientras que el tercio blanco quedó al centro y a su vez en éste se representa el águila mexicana sobre un nopal con las alas extendidas y la corona del imperio  a la cabeza.

Con la caída del imperio, la junta provisional gobernativa cambia la bandera el 14 abril 1823, esencialmente conserva casi todos los elementos ya descritos, pero desaparece la corona de la cabeza del águila y se añade el elemento de la serpiente siendo devorada por el águila.

Doscientos años después la bandera prácticamente ha mantenido su forma con las variaciones propias del escudo al centro del campo blanco, y aunque ya no es la católica la única religión aceptada en México, sí sigue teniendo vigencia el sentido de espiritualidad que da libertad a las personas. El verde que representa la independencia, hoy más enfocada a la independencia de la pobreza y el rojo sigue siendo símbolo de la unidad dela nación

“Hoy la religión no es única, el gobierno es laico, hay distintas religiones en el país. Lo importante de la religión es creer y pensar que tenemos un espíritu de libertad, empatía hacia los demás, el hombre se sublima en el servicio a los demás” dijo el entrevistado

“El Verde nos habla de la independencia,  de la pobreza, de la demagogia, del mal gobierno, una lucha genuina por los pobres no como materia electoral, no con dádivas condicionadas, sino una  preocupación genuina. El empleo, tener un trabajo digno es básico, apoyar el emprendedurismo dignifica la función del empresario.”

“Rojo nos habla de unidad, respeto al pensamiento, que pienses diferente no implica que seas enemigo ni traidor a la patria, quienes piensan así estigmatizan a las personas. Sentir la bandera es vivir estos valores, al conocer el pasado puedes  trabajar el presente y armar el futuro.” Concluyó.

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Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.